Camino de Santiago (francés). 133km a pie en 5 días.
Un día me vino a la cabeza: este verano lo hago. Así que comencé a leer sobre el Camino de Santiago y se lo propuse a mi hijo. Unos meses antes, nos pusimos en marcha entrenando con caminatas, y en septiembre, finalmente, comenzamos nuestra aventura.
Había leído varios artículos que mencionaban que algunas personas reservaban albergues privados. Sin embargo, yo quería vivir la experiencia de la manera más clásica posible. Para mí, eso significaba caminar con la mochila a la espalda, yendo de albergue público en albergue público y compartiendo espacios con otros peregrinos. También me hablaron de la opción de enviar las mochilas de un albergue a otro, pero eso no cuadraba con mi idea del viaje, así que cargamos con todo, como buenos novatos en nuestro primer Camino. Nunca pesé las mochilas, pero estimo que rondaban entre los 5 y 8 kilos.
Un aspecto importante en la planificación es que, a diferencia de los albergues privados, que pueden reservarse con antelación, los públicos no lo permiten. Además, las plazas son limitadas, y en algunos casos no superaban las 20 personas. Por eso, más de una vez me encontraba pensando que teníamos que terminar la etapa cuanto antes para asegurarnos un lugar donde dormir.
Al llegar a algunos pueblos, que consistían en tres o cuatro casas, el albergue y un restaurante, nos veíamos ante dos opciones si no había cama disponible: dormir al aire libre con el saco de dormir o caminar varios kilómetros más hasta el siguiente pueblo, con la esperanza de encontrar sitio. Aunque llovió varios días, el clima no era especialmente frío, y dormir fuera no parecía un gran problema. Sin embargo, cuando llevas muchos kilómetros a cuestas y la ropa mojada, un colchón, por más incómodo que sea, se convierte en un lujo. A lo largo del viaje, solo vimos a una persona durmiendo en una parada de autobús.
En total, caminamos 133 kilómetros en cinco días. Nuestro plan original era comenzar en O Cebreiro, donde arranca el "camino corto" francés, pero decidimos cancelar la primera etapa de 20 kilómetros para poder llegar en un horario razonable a los albergues y conseguir sitio, así que partimos directamente desde Triacastela. La mayoría de la gente comienza en Sarria, que está a unos 50 kilómetros menos de distancia desde O Cebreiro, completando los 100 kilómetros mínimos necesarios para obtener la certificación del Camino.
En Triacastela pedimos la credencial del peregrino, un documento que se sella en los albergues, restaurantes y tiendas por los que vas pasando, y que certifica tu recorrido por el Camino. Con un estimado de los kilómetros que haríamos por etapa, decidimos levantarnos cada día a las seis de la mañana para comenzar a caminar. En dos horas, frescos, podíamos recorrer unos 10 kilómetros del tirón, momento en el que solíamos parar a desayunar y recargar energías. Dependiendo del cansancio y las molestias, hacíamos más o menos paradas para descansar, pero la comida principal la dejábamos para después de terminar cada etapa, salvo en la última jornada, que fue la más larga y llegamos por la tarde.
Las etapas que recorrimos fueron las siguientes (en el mapa):
- Triacastela a Ferreiros (32 km)
- Ferreiros a Airexe (28 km)
- Airexe a Melide (22 km)
- Melide a Arzúa (15 km)
- Arzúa a Santiago (36 km)
En el Camino conocimos a una gran variedad de personas, de diferentes edades y procedencias. Me llamó la atención un señor francés, que debía tener unos ochenta años y venía caminando desde Saint Jean Pied de Port, a unos 700 kilómetros. También encontramos a muchos asiáticos, americanos, alemanes, catalanes, y otros peregrinos que venían desde León o desde Oviedo, siguiendo el Camino Primitivo. Todos sin excepción pronunciando siempre la frase “¡Buen Camino!”.
La comida fue excelente en general. Es difícil comer mal en el norte, a menos que caigas en lugares poco autóctonos. En Melide, puedo recomendar un restaurante que nos encantó: Kodex.
Llegamos a Santiago un viernes alrededor de las seis de la tarde, tras haber caminado casi 40 kilómetros en la etapa final. Nos dirigimos a la Oficina del Peregrino para recoger la Compostela y el certificado de kilometraje. No hicimos demasiado esfuerzo por entrar a la catedral, estábamos tan cansados que solo nos detuvimos un rato en la Plaza del Obradoiro, observando el ambiente y a los peregrinos que llegaban, al igual que nosotros. Creo que éramos de los últimos en llegar; la mayoría de la gente prefiere hacer menos kilómetros en la última etapa para tener más tiempo para disfrutar de la llegada a Santiago.
Desde que conocí al señor francés he estado dándole vueltas a hacer el Camino desde Francia, o al menos desde Oviedo, y recorrer el famoso Camino Primitivo. No me canso del paisaje verde de Galicia y lo haría de nuevo, esta vez con un poco más de experiencia y llevando menos cosas en la mochila.
Dejo aquí la prueba del delito ;)

